jueves, 5 de mayo de 2011

Las buenas aventuras del educador cristiano

  1. Bien aventurado el educador que modela con ilusión el barro humano no para conformarlo a su propia imagen y semejanza, sino para posibilitar que él, en la libertad que nace del amor, se conforme a imagen y semejanza de Dios.

  2. Bien aventurado el educador que no vive preso de su propia historia ni ha quedado ciego o extralumbrado por la propia experiencia y cree que toda vida es un inicio que Dios hace en el mundo, que en ella todo es posible, y por tanto, no cierra ninguna posibilidad a nadie, sino que las abre todas a todos.

  3. Bien aventurado el educador que tras haber orientado en un camino a sus oyentes y ver que aquellos a quienes educó marchan en otro, les mantiene el amor y la esperanza, sin negarles aquella palabra humilde y confiada, que él considera verdadera.

  4. Bien aventurado el educador que no retiene e nadie en su cercanía y no hace de la amistad o de la autoridad una alambrada para evitar el crecimiento sobre él de quienes formó, sino que alegre impulsa el vuelo hacia mayores alturas y bendice su marcha hacia nuevos horizontes.

  5. Bien aventurado el educador que vive sus esfuerzos y sufre sus trabajos como esfuerzos y trabajos por el Reino, cuando sus actitudes son las que animaron el destino de Jesús, y cuando es ese Jesús la suprema ventura de su muerte y resurrección, el signo y la buena ventura de su vida.

  6. Bien aventurado el educador que en el amor dice la palabra a tiempo y a tiempo guarda el silencio necesario; el que no impone siempre su palabra desde el autoritarismo y no la oculta, sustrae o trasmuta por complicidad secreta, cobardía o temor a quebrar ante los demás la propia imagen.

  7. Bien aventurado el educador que lee con tanta pasión los signos de los tiempos, a través de los cuales somos alertados a la voluntad de Dios, como lee los tiempos de aquellos signos: la acción, la palabra, la muerte y la resurrección de Jesús, palabra exterior y espíritu interior para siempre dados por Dios a los humanos.

  8. Bien aventurado el que deja tras si alumbrada la memoria del Jesús pacífico, justo, pobre, limpio de corazón; y con su memoria fiel deja a la vez la esperanzada pasión de la paz, la justicia, la libertad, la pureza del corazón, el amor entre los hombres, la Infinita confianza en el Padre.

  9. Bien aventurado el educador que no sucumbe al desaliento tras el silencio mudo de los años, la traición de la amistad o el hundimiento de mundos acariciados, sino que revive la esperanza del Dios siempre nuevo y siempre fiel, que funda la posibilidad de un hombre renovado, a pesar de toda la vejez que le causen sus pecados, y de un hombre recreado en la fidelidad, a pesar de todos los olvidos y de todas las huidas.

  10. Bien aventurado el educador que al comienzo de sus días, en medio de sus días y al final de sus días puede decir con alegría: “Señor, hemos realizado la obra que nos habías encomendado, nosotros tus siervos inútiles”, y en la misma humildad alegre va entregando a los hombres su alma y deja en manos del Padre su final destino, porque al igual que a Jesús a él le hará el Padre participe del Reino de la Vida.

  11. Bien aventurado el educador que desde una confianza Infinita en Dios como origen, fuente y futuro absolutos del hombre, tiene el valor para arriesgarse en la conquista de todos los valores inmediatos, y desde la confianza última que nos ha sido dada intenta introducir en este mundo valores sentidos y esperanzas penúltimas que hagan creíble la existencia de aquella realidad beatificante ultima, que llamamos Dios.

  12. Bien aventurado el educador que desde una solidaridad diaria con los hombres, y desde la confianza que les ofrece y mantiene, hace posible pensar y acoger la buena noticia, la suprema noticia oída sobre esta tierra de mortales: Díos se ha hecho solidario de los que viven y mueren. Esta solidaridad con nosotros, en la vida y en la muerte, tiene un nombre: Jesús de Nazaret.

  13. Bien aventurado el educador que sabe dar “razón de su esperanza” pasando la confesión de fe que hace con los labios a la reflexión de su inteligencia, al amor del corazón, a las obras de las manos, para que pensándola, amándola y haciéndola pueda despertar en los hombres la confianza en que de veras ese evangelio es una palabra de verdad y una buena nueva de salvación.

  14. Bien aventurado el educador, que cultiva con gozo día a día su vocación, y sabe que no podrá mantener la honda plenitud de su fe si no es en la fiel integración en la comunidad de quienes unánimemente confiesan a Jesús por Señor; y sabe que no podrá mantener la real eficacia histórica de su quehacer si no es en real comunicación con todos los que buscan una humanidad mejor, y en solidaridad con todos los que se afanan por un cielo y una tierra nuevas en la Justicia.
OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL

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